Donde estás que no te tengo?

Cae la lluvia y pienso en ti
No dejo de recordar tu sonrisa hermosa, el destello de tus ojos al mirarme o como te muerdes los labios mirando los mios…

Cae la noche y pienso en ti
En el rosa de tus mejillas y el fuego de tus caderas, en esa ardiente mirada que me das, yo tu dulce presa.

Cae la noche y pienso en ti,
Deseando que estuvieses aquí
Calientito, junto a mí

-H.S.

Morning Delight

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“Morning Delight”
by Haronny Santos~
Para Confesiones de Mujeres

Me desperté una mañana del verano como cualquier otra en pleno amanecer y ahí estaba, el hombre de mis sueños. Descansaban sus ojos con esa angelical ternura que solo admiro cuando lo observo dormir y descansaba su cabeza en medio de la almohada blanca. Sonreí. Volteé mi cuerpo hacia un lado para estar frente a él y observarlo más de cerca, adorarlo más apasionadamente y recordar… Recordar como llegamos hasta este bello amanecer frente a la orilla del mar, con los primeros rayos de luz asomándose por nuestra ventana. El conjunto perfecto de sabanas blancas, paredes blancas y las ligeras cortinas blancas que bailaban al son de la brisa que entraba por la ventana le daban al momento un toque mágico, y por un segundo confundí la realidad con un sueño. Pasé suavemente mi mano por los lados de su cara, tocándolo con tal suavidad y dulzura que no molestase su dormir, pero que en caso de que lo hiciera, sintiera el amor en cada milisegundo de mi toque.

Al haberme despertado de tan buen humor, decidí prepararle su desayuno favorito. Llevaba meses sin despertar envuelta en una manta de sentimientos tan apasionados hacia él. El afán del día a día se había adueñado de nosotros, nos había hecho alejarnos, olvidarnos de los pequeños y no tan pequeños detalles que nos habían llevado hacia esa mañana en las costas de esta isla hermosa, al estar tan enamorados como para tomar la decisión de mudarnos juntos y dejar nuestro mundo atrás, de empezar y vivir en un mundo propio… pero ya no más. Desperté decidida a cambiar el destino al que nos íbamos dirigiendo a paso lento, pero seguro.

Terminé justo antes de que se despertara. Mientras bajaba a paso lento los escalones de madera se corría los dedos por el pelo. Yo levanté la mirada, le sonreí y terminé de servirnos el jugo de naranja; el suyo 50% jugo 50% agua, como siempre lo ha preferido. Llevaba boxers azules, no muy claros, no muy oscuros, solo azules. Llevaba el pelo despeinado y no traía t-shirt. Al llegar a la cocina me miró a los ojos, me sonrió y caminó silenciosamente hacia mí sin despegar la mirada para darme un suave, pero apasionado beso. “Good morning babe,” me susurró al oído mientras me abrazaba, y luego me dio un ligero beso en el cuello. No me pude resistir. Fue como si toda la pasión que le habia tenido desde el primer día que mis ojos conocieron los suyos hasta esa mañana se habia acumulado y multiplicado y debia sentirlo, debia ser suya, en ese mismo instante. Mientras se separaba de mi deje mis manos caer por sus brazos hasta llegar a su muñeca y lo sujeté para que su cuerpo no fuera muy lejos al separarse del mio. Él, siendo buen entendedor, me acaricio suavemente el lado izquierdo de la cara mientras me miraba fija y dulcemente a los ojos. Yo sujeté su mirada, y segundos despues desvie mi mirada a sus labios, los cuales me moria por besar. Lo acerqué un poco más a mi cuerpo y me rendí a su tacto, cerrando mis ojos y moviendo mi cabeza hacia su mano, sintiendo cada centimetro de ella. Necesitaba más! Abrí los ojos lo suficiente como para localizar sus labios y fuí lentamente hacia ellos, permitiendome caer en el trance que acompañó este acto. Mis labios obtuvieron una calída bienvenida de los suyos y nos besamos suave y delicadamente, mis manos subiendo por su espalda desnuda mientras las suyas encontraban su camino hacia mis cabellos. Lentamente el beso se fue intensificando y mis manos se encontraban recorriendo su cara, su cuello, su espalda baja, su pelo… Me agarró con tal agresividad que heché la cabeza hacia atrás para dejar salir un gemido mientras él devoraba mi cuello. Era toda suya. Sentí cada beso, cada lamida, cada mordizco como si estuvieran siendo imprentas en mi piel, llegue al cielo envuelta en placer.