Sin Titulo; Capitulo I

*En Marzo del 2012, empece a escribir un libro que nunca termine. Hoy, encontré esto en mi GDrive y pense en compartirlo.

I

Me desperté una mañana del verano como cualquier otra en pleno amanecer y ahí estaba, el hombre de mis sueños. Descansaban sus ojos con esa angelical ternura que solo admiro cuando lo observo dormir y descansaba su cabeza en medio de la almohada blanca. Sonreí. Volteé mi cuerpo hacia un lado para estar frente a él y observarlo más de cerca, adorarlo más apasionadamente y recordar… Recordar como llegamos hasta este bello amanecer frente a la orilla del mar, con los primeros rayos de luz asomándose por nuestra ventana. El conjunto perfecto de sabanas blancas, paredes blancas y las ligeras cortinas blancas que bailaban al son de la brisa que entraba por la ventana le daban al momento un toque mágico, y por un segundo confundí la realidad con un sueño. Pasé suavemente mi mano por los lados de su cara, tocándolo con tal suavidad y dulzura que no molestase su dormir, pero que en caso de que lo hiciera, sintiera el amor en cada milisegundo de mi toque.

Al haberme despertado de tan buen humor, decidí prepararle su desayuno favorito. Llevaba meses sin despertar envuelta en una manta de sentimientos tan apasionados hacia él. El afán del día a día se había adueñado de nosotros, nos había hecho alejarnos, olvidarnos de los pequeños y no tan pequeños detalles que nos habían llevado hacia esa mañana en las costas de …., al estar tan enamorados como para tomar la decisión de mudarnos juntos y dejar nuestro mundo atrás, de empezar y vivir en un mundo propio… pero ya no más. Desperté decidida a cambiar el destino al que nos íbamos dirigiendo a paso lento, pero seguro.

Empecé por los Belgian waffles. Abrí las ventanas para darle la bienvenida al embriagador sonido de las olas y al inigualable olor que las acompañaban mientras desbordaba mi amor en cada waffle, en cada bacon, en cada huevo cocinado. Me sentí de nuevo como aquella joven de tan solo 18 años que le cocinó desayuno al joven de 19 años de quien estaba enamorada una fría mañana de Febrero cuando sus familiares habían salido de la ciudad un fin de semana y lo habían dejado solo en casa, el mismo junto a quien había despertado. Sentí de nuevo esa sensación de estar con alguien maravilloso, de estar contenta con cada segundo pasado en la cocina por que esa persona lo vale, y vale más la sonrisa en su cara que miles de “gracias”. Mientras colocaba cada pedazo de bacon en la sartén me sentí nuevamente joven, nuevamente enamorada, tanto de él como de mí misma y aún más importante, completamente enamorada de la vida.

Terminé justo antes de que se despertara. Mientras bajaba a paso lento los escalones de madera se corría los dedos por el pelo. Yo levanté la mirada, le sonreí y terminé de servirnos el jugo de naranja; el suyo 50% jugo 50% agua, como siempre lo ha preferido. Llevaba boxers azules, no muy claros, no muy oscuros, solo azules. Llevaba el pelo despeinado y no traía t-shirt. Al llegar a la cocina me miró a los ojos, me sonrió y caminó silenciosamente hacia mí sin despegar la mirada para darme un suave, pero apasionado beso. “Good morning babe,” me susurró al oído mientras me abrazaba, y luego me dio un ligero beso en el cuello. No me pude resistir, fue como si toda la pasión que le habia tenido desde el primer día que mis ojos conocieron los suyos hasta esa mañana se habia acumulado y multiplicado y debia sentirlo, debia ser suya, en ese mismo instante. Mientras se separaba de mi deje mis manos caer por sus brazos hasta llegar a su muñeca y lo sujeté para que su cuerpo no fuera muy lejos al separarse del mio. Él, siendo buen entendedor, se llevó la indirecta, y paso sus grandes manos por el lado izquierdo de mi cara mientras me miraba fijamente a los ojos. Yo sujeté su mirada, y segundos despues desvie mi mirada a sus labios, los cuales me moria por besar. Lo acerqué un poco más a mi cuerpo y me rendí a su tacto, cerrando mis ojos y moviendo mi cabeza hacia su mano, sintiendo cada centimetro de ella. Necesitaba más! Abrí los ojos lo suficiente como para localizar sus labios y fuí lentamente hacia ellos, permitiendome caer en el trance que acompañó este acto. Mis labios obtuvieron una calída bienvenida de los suyos y nos besamos suave y delicadamente, mis manos subiendo por su espalda desnuda mientras las suyas encontraban su camino hacia mis cabellos. Lentamente el beso se fue intensificando y mis manos se encontraban recorriendo su cara, su cuello, su espalda baja, su pelo… Me agarró con tal agresividad que heché la cabeza hacia atrás para dejar salir un gemido mientras él devoraba mi cuello. Era toda suya. Sentí cada beso, cada lamida, cada mordida como si estuvieran siendo imprentas en mi piel, y mis uñas empezaron a clavarse en su piel. Dí unos pasos hacia atrás hacia sentir la encimera en mis gluteos mientras con sus dedos él bajaba el blanco tirante de mi blanca pijama de seda en mi hombro izquierdo y lo cubría de besos. Con su mano bajó mi otro tirante y mi corta pijama de seda se encontraba ahora en el piso y me encontraba frente a él una mujer desnuda, mis senos y pezones erectos y mi pelo largo y negro ligeramente revuelto. El tomo unos pasos hacia atrás para admirarme frente a él y recorrió mi cuerpo con su mirada varias veces en pocos segundos, luego suavemente empezó a recorrer costa arriba las curvas de mi cuerpo, empezando por mis caderas y nalgas, subiendo a mi cintura, a mis senos, a mi cuello. El próximo beso me dejó sin aliento. De un movimiento me subio a la encimera y empezo a besar y lamer mis pezones. Era como si intentara comerme; me excitaba tanto! Luego trazó una linea de besos por mi barriga hasta mi vulva, y empezó a disfrutarla como hace tiempo no la hacia mientras usaba sus manos en mis senos. Yo solo gemia de placer. Cuando ya no pude aguantar más le susurre que necesitaba tenerlo, ahora. Él se bajo los boxers mientras me miraba fijamente a los ojos dejando al descubierto su pene erecto. Me agarró por las caderas y me bajó de la encimera para pegarme a su cuerpo; cruzé mis piernas en su espalda y me deje penetrar, gimiendo suavemente mientras él entraba en mi cuerpo, rindiendome a él, rindiendome al placer… Hicimos el amor como nunca.

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